
Durante una cumbre en Miami con doce presidentes latinoamericanos, Donald Trump hizo una polémica broma al afirmar que no tiene intención de aprender español, generando risas entre los asistentes. Destacó la habilidad de su secretario de Estado, Marco Rubio, en el idioma, sugiriendo que el dominio del español es valioso para las relaciones exteriores de Estados Unidos con la región.
El evento reunió a mandatarios de derecha, incluyendo a Daniel Noboa de Ecuador. Trump enfatizó la importancia de intérpretes profesionales en diplomacia, relatando un incidente donde una traducción errónea provocó un malentendido. La cumbre, caracterizada por un tono informal, excluyó a líderes progresistas de países como México y Brasil, reflejando una alineación política conservadora entre los participantes.