
El 20 de abril de 2026, la Asamblea de Ordinarios Católicos de Tierra Santa solicitó una acción disciplinaria inmediata para un soldado israelí que destrozó una estatua de Jesucristo en Líbano. Este acto ha sido calificado como una grave afrenta a la fe cristiana y es parte de una serie de profanaciones tras recientes incidentes similares en la región.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, condenó el acto de profanación y reafirmó el compromiso de Israel con los valores de respeto hacia todas las religiones. Sin embargo, su comentario no abordó la situación de los cristianos palestinos en Cisjordania. La Asamblea católica también pidió un fin a la guerra en Oriente Medio y apeló por el diálogo como medio para alcanzar la paz.