
Las elecciones generales de Perú quedaron marcadas por irregularidades logísticas y denuncias de fraude sin pruebas sólidas. Con el 94,95 % del escrutinio, Keiko Fujimori lideró con 17 % de los votos válidos, seguida por Roberto Sánchez y Rafael López Aliaga. Las fallas en la organización provocaron demoras, filas extensas y malestar entre los votantes.
En Lima, varios colegios abrieron tarde por problemas con la distribución del material electoral y el traslado de votos presentó deficiencias. La plataforma digital de escrutinio también sufrió fallos, obligando a muchas mesas a completar actas a mano. Ante la presión, el jefe de la ONPE, Piero Corvetto, renunció, y su dimisión fue aceptada.