
Donald Trump admitió que pidió a la FIFA revisar la expulsión de Folarin Balogun en el Mundial 2026. La sanción fue anulada y el delantero de Estados Unidos pudo jugar ante Bélgica. El episodio expuso una intervención política directa y pública sobre una decisión disciplinaria del torneo, con efectos inmediatos en la cancha y en la imagen del organismo.
El caso dejó bajo sospecha la independencia de la FIFA y debilitó su discurso sobre autonomía frente a presiones externas. Gianni Infantino reconoció llamadas de mandatarios, aunque defendió la existencia de órganos sancionadores independientes. La controversia también cuestionó al árbitro Raphael Claus y abrió un debate mayor sobre el peso geopolítico en decisiones deportivas internacionales.