
Mónica Luzárraga, aspirante a la Alcaldía de Guayaquil, aparece con una imagen ejecutiva que transmite seriedad y preparación, aunque todavía no define un sello visual propio. Su presencia pública se mueve entre blazers, camisas blancas y tonos neutros, una fórmula segura pero poco diferenciadora para una campaña en la que cada aparición puede influir en el electorado.
La propuesta de estilo apunta a reforzar una identidad más guayaquileña sin perder autoridad. La IA sugiere usar colores celeste o azul, trajes claros mejor entallados, blusas marfil y accesorios como pañuelos, broches o sombrero de paja toquilla. El objetivo es convertir su vestuario en una marca política memorable, dinámica y reconocible en recorridos y reuniones.