
Daniel Ortega anunció en el aniversario 47 de la revolución sandinista que en Nicaragua ya no volverá a haber elecciones. La declaración marca un giro abierto en el modelo político del país y confirma el cierre del último resquicio de competencia institucional, tras años de reformas, represión y reelecciones sin rivales reales.
El avance autoritario se construyó por etapas: eliminación de límites a la reelección, protestas reprimidas en 2018 y opositores encarcelados antes de competir en 2021. Rosario Murillo, ahora copresidenta, refuerza la estructura de poder junto a Ortega en un sistema que consolida la dinastía y elimina cualquier simulación electoral.