
Fernando Muñoz-Miño sostiene que el deterioro democrático en Ecuador no depende solo de los gobiernos, sino también de una ciudadanía que ha cedido espacios de participación. Advierte que la inseguridad y el crimen organizado han instalado miedo en los últimos cuatro años, hasta normalizar excesos de la fuerza pública y restar prioridad a los derechos humanos.
El sociólogo político afirma que el voto no da carta blanca para concentrar poder y recuerda que la presidencia no es la autoridad máxima del Estado. También pide a la academia y a las organizaciones civiles abrir debate, producir diagnósticos con datos fuertes y promover participación activa, porque la organización ciudadana sigue siendo, dice, el principal escudo para cuidar la democracia.