
Ecuador, Perú y Colombia comparten más de 2.100 kilómetros de frontera terrestre y enfrentan una amenaza común: el crimen organizado. La violencia, la extorsión y el narcotráfico golpean especialmente a Ecuador, donde las mafias operan sin fronteras y aprovechan la falta de coordinación estatal para expandirse con rapidez en toda la región.
La coordinación entre los tres países aparece como una oportunidad clave para responder con inteligencia compartida, vigilancia tecnológica y operaciones simultáneas. El reto es que la seguridad deje de depender de acciones aisladas y se convierta en una política regional sostenida, antes de que el crimen organizado siga ganando terreno en la frontera.