
La propuesta plantea que en una segunda vuelta presidencial el ganador tenga una ventaja mínima de 5% sobre su rival. La idea busca evitar triunfos ajustados que dejen a un presidente con respaldo electoral insuficiente. El planteamiento surge en medio de debates sobre la legitimidad de gobiernos elegidos por márgenes muy estrechos, como ha ocurrido en otros países de la región.
Según el texto, esa diferencia podría salir de los abstencionistas de la primera vuelta o de votantes que apoyaron a terceros candidatos. El objetivo sería reforzar la legitimidad del mandatario electo y reducir el riesgo de gobiernos débiles. La discusión pone presión sobre el diseño de la segunda vuelta y abre el debate sobre si el voto ganador debe exigir un respaldo más amplio.