
A las 6 de la mañana, tres técnicos de la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento (EPMAPS) inician su jornada en Quito, dirigiéndose hacia el páramo de Antisana. Este lugar, importante para la conservación hídrica, se encuentra a 50 kilómetros de la capital y a casi 3.920 metros sobre el nivel del mar. Los técnicos deben abastecerse de provisiones en Pintag antes de continuar su misión.
Su trabajo consiste en medir y registrar la cantidad de lluvia que cae en distintas estaciones hidrometeorológicas, lo que es esencial para la gestión del agua en la ciudad. La primera estación a la que se dirigen es Ramón Huañuna, donde los técnicos recopilan datos cruciales sobre la lluvia acumulada. Posteriormente, se desplazan a la estación Limboasi, que permite la transmisión de datos en tiempo real a las oficinas de EPMAPS.
El segundo día, los técnicos enfrentan un clima adverso mientras se trasladan a la estación pluviométrica San Simón. A pesar de las condiciones, continúan su trabajo de medir el caudal de los ríos cercanos. Al concluir su jornada, regresan a Quito, donde su labor, aunque a menudo no es reconocida, es vital para asegurar el abastecimiento de agua a la población.