
Tras más de 100 días de enfrentamiento, Estados Unidos e Irán acordaron poner fin a las hostilidades. La guerra, iniciada con una ofensiva que buscaba un cambio de régimen, terminó mostrando los límites del poder militar y la presión de la realidad económica. La reapertura del estrecho de Ormuz alivió tensiones globales y estabilizó el flujo petrolero.
El conflicto impactó de forma directa los mercados energéticos y elevó los precios de combustibles, aumentando la presión sobre Washington. El acuerdo, mediado por Pakistán, deja pendientes temas sensibles como el programa nuclear iraní, las sanciones y las garantías de cumplimiento. Aunque cesan los combates, persisten desconfianzas y dudas sobre una paz realmente duradera.