
Donald Trump llamó a Gianni Infantino para pedir la revisión de la tarjeta roja impuesta al delantero Folarin Balogun tras una jugada ante Bosnia-Herzegovina. Horas después, la FIFA levantó la sanción y habilitó al jugador para enfrentar a Bélgica. El episodio abrió cuestionamientos sobre la independencia del organismo y la influencia del poder político en decisiones deportivas.
La reacción fue inmediata porque Trump y Infantino admitieron la llamada públicamente y la presentaron sin reservas. El hecho reavivó recuerdos de otras interferencias políticas en mundiales, como las de 1934 en Italia y 1978 en Argentina. La controversia golpea la credibilidad de la FIFA y deja la impresión de que una sanción deportiva pudo quedar expuesta a presiones externas.