
La final del Mundial 2026 no solo dejó emociones en la cancha, también una fuerte tensión detrás del escenario. Madonna y Justin Bieber protagonizaron un choque de visiones por el control del show de medio tiempo, el primero en la historia de una final mundialista.
Según el reporte, Bieber quería una presentación segura, limpia y centrada en la música, después de las críticas que recibió por su actuación en Coachella. Madonna, en cambio, buscaba un espectáculo más provocador y visualmente impactante, convencida de que una cita de esa magnitud debía dejar huella.
La diferencia de criterios casi complica la producción, hasta que Chris Martin intervino para mediar entre ambos artistas. Finalmente, el espectáculo se realizó sin contratiempos y sumó la participación de figuras como Shakira, BTS y personajes de Plaza Sésamo, en un montaje gratuito con mensaje de unidad global.