
La Policía Nacional del Ecuador, en su 180 aniversario, enfrenta una crisis de identidad y operación. Se señala que un modelo de gestión inadecuado ha debilitado la institución, convirtiéndola en una dependencia burocrática al Ministerio del Interior. La falta de recursos y la desprofesionalización han llevado a la policía a un estado de indefensión frente a la delincuencia organizada y el narcotráfico.
Se hace un llamado a restablecer la autonomía administrativa y financiera de la Policía Nacional, así como a implementar una normativa disciplinaria que refuerce la jerarquía y la eficacia. La necesidad de devolver a la institución su capacidad de autogobierno es urgente. Sin cambios, la policía seguirá siendo reactiva ante una creciente crisis de seguridad que afecta al país.