
La posesión del nuevo presidente de Colombia abre un escenario de mayor tranquilidad para Ecuador, después de una etapa marcada por tensiones y una guerra arancelaria que llegó a imponer un gravamen del 100 % a productos colombianos. Ambos gobiernos comparten una visión política y de gestión que podría encaminar una relación más cordial y con beneficios mutuos para comercio y cooperación bilateral.
El nuevo contexto también impulsa acuerdos en seguridad, inteligencia, tecnología y control fronterizo para enfrentar con más eficacia al crimen organizado. La relación entre Quito y Bogotá entra así en una fase de acercamiento que puede favorecer a comerciantes, exportadores y empresarios de ambos países, mientras se mantiene la presión por respuestas coordinadas en la frontera y en el intercambio comercial.