
Ecuador ha entregado su soberanía a potencias extranjeras en busca de seguridad, lo que ha puesto en riesgo su economía y su propio futuro. La conversión del Puerto de Guayaquil en un nodo logístico bajo vigilancia extranjera ha convertido al país en un blanco para el sabotaje, dejando vulnerable su sistema hidrocarburífero frente a posibles ataques.
La falta de coordinación con Colombia agrava la situación, permitiendo que grupos irregulares aprovechen áreas desatendidas. Mientras Ecuador depende de la protección de Washington, sus recursos y su soberanía están en riesgo. Sin una infraestructura resistente y una diplomacia efectiva, el país enfrenta un desafío crítico que podría llevarlo a una crisis sin precedentes.