
Wladimir Vélez, un pediatra ecuatoriano, ha sorprendido a muchos con su peculiar homenaje a Kurt Cobain, el legendario líder de Nirvana. En su jardín se erige una impresionante estatua de más de una tonelada que representa a Cobain arrodillado, con enormes alas, contemplando el suelo. A pesar de que varias empresas rechazaron la complejidad del proyecto, Vélez persistió y logró construir esta obra tras dos años de trabajo y una inversión considerable.
La estatua ha captado la atención no solo de la comunidad local, sino también de exintegrantes de la banda Nirvana, quienes se han sentido conmovidos por el homenaje. Vélez ha mantenido contacto con ellos y ha recibido valiosos recuerdos, como baquetas originales y otras piezas históricas relacionadas con la banda. De esta forma, su admiración por Nirvana ha evolucionado hasta convertirse en una conexión más profunda con aquellos que compartieron escenario con Cobain.
Wladimir planea un viaje a Seattle para participar en un tributo a su ídolo y también busca donar la escultura al museo de Aberdeen, donde Cobain creció. Él anhela vivir en esa ciudad cuando se jubile, compartiendo su amor por la música y honorando el legado de Nirvana. A través de su pasión, no solo mantiene viva la memoria de Cobain, sino que también inspira a otros a seguir sus sueños.