
Keiko Fujimori obtuvo una victoria ajustada en las elecciones de Perú, con una diferencia cercana a 40.000 votos sobre 19,5 millones de sufragios. El resultado refleja una fuerte polarización entre regiones y bloques políticos, además de un alto ausentismo: 7,6 millones de ciudadanos no votaron. La campaña se definió por la desconexión ciudadana y el desgaste político.
La estrategia de Fuerza Popular se apoyó en redes sociales, especialmente TikTok, y en mensajes centrados en la seguridad ciudadana. Keiko también revalorizó el legado de Alberto Fujimori para reforzar su base electoral. Su rival, Sánchez, apostó por símbolos asociados a Pedro Castillo. La elección evidenció que comunicar no basta para unir un país fracturado.