
Un reciente choque en Quito ha reabierto el debate sobre la responsabilidad de quienes dañan bienes públicos. El incidente, que involucró a un SUV que impactó un puente, provocó la reflexión sobre cómo estos eventos no son meras anécdotas, sino una muestra de una cultura que ha normalizado el daño a lo que es de todos. La situación plantea la necesidad de que el responsable asuma los costos, no la ciudad.
El incidente del puente en la avenida 10 de Agosto pone de manifiesto que cada ataque a la infraestructura pública no solo daña bienes materiales, sino que también interrumpe la movilidad y pone en riesgo vidas. Es crucial que se generen consecuencias para corregir conductas y fomentar una cultura de respeto hacia lo público, destacando que cada daño debe ser pagado por quien lo causa, no por la colectividad.