
La contratación pública en Ecuador se posiciona como un componente esencial de la economía nacional, pero presenta vulnerabilidades significativas frente al lavado de activos. Expertos, como José Julio Neira, advierten que este proceso, administrado por el Servicio Nacional de Contratación Pública (Sercop), se convierte en un espacio donde organizaciones delictivas pueden blanquear dinero a través de contratos gubernamentales.
El desafío radica en que el sistema actual carece de mecanismos efectivos para identificar la legitimidad de los proveedores. Según el abogado Pablo Dávila, las actividades ilícitas se infiltran en el proceso de licitación, facilitando que criminales justifiquen recursos ilegales. Si bien el presidente Daniel Noboa ha emitido un decreto que mejora la supervisión, los expertos sugieren que se requieren reformas más profundas para fortalecer la transparencia y control en el sector.