
La noche del 1 de abril de 2026, un velorio en Cristo del Consuelo, Guayaquil, se convirtió en un escenario de terror cuando un grupo de hombres armados abrió fuego contra los asistentes. Este ataque ocurrió en el contexto de la violencia creciente en la ciudad, que en menos de 24 horas había sido testigo de otro asesinato. Las víctimas del ataque inicial eran un padre, hijo y sobrino.
El tiroteo dejó al menos un herido, quien fue trasladado rápidamente a un centro médico. Los asistentes, aterrorizados, buscaron refugio en viviendas cercanas mientras la policía respondía a la situación, instando a la comunidad a permanecer en casa. Con esta nueva ola de violencia, Guayaquil enfrenta serios desafíos en la seguridad pública y el control de la delincuencia organizada.