
Keiko Fujimori ganó por menos de un punto y asumirá la presidencia de Perú tras tres intentos fallidos. Su llegada ocurre en un país marcado por una fuerte división política, rechazo al fujimorismo y una elevada inestabilidad institucional. El Congreso ha provocado ocho cambios de presidente desde 2016, lo que complica la gobernabilidad.
El nuevo gobierno enfrentará una crisis de seguridad con 26.500 denuncias de extorsión en 2025 y más de 150 muertes ligadas a ese delito en Lima desde agosto de 2024. También deberá reducir la informalidad laboral, que alcanza al 70%, y aprovechar la estabilidad macroeconómica para bajar la pobreza y sostener el crecimiento.