
Mientras la ciudad de Quito duerme, un grupo de mujeres trabaja incansablemente para mantener las calles limpias. A las 5 de la mañana, muchos están comenzando su día, pero para Viviana Narváez, ayudante de barrido y recolección de EMASEO EP, su jornada laboral está llegando a su fin. Ella ha estado trabajando desde la medianoche y se prepara para concluir su turno a las 8 de la mañana, haciendo lo que ama en silencio para que la ciudad despierte limpia y ordenada.
El uniforme azul reflectante que lleva le otorga un sentido de identidad y orgullo. Viviana, como muchas de sus compañeras, se enfrenta a largas jornadas y un trabajo demandante, que realiza con la convicción de apoyar a sus familias. A pesar de la dureza del labor, su amor por el trabajo se refleja en cada gesto, ya que desea proporcionar un futuro mejor para sus hijos a través de la educación y el esfuerzo.
Historias como la de Viviana son un testimonio de la dedicación y el sacrificio que involucra el trabajo nocturno de estas mujeres. A través de su esfuerzo diario, contribuyen no solo a la limpieza de Quito, sino que también representan un modelo de superación y servicio. Gracias a su labor, la capital ecuatoriana despierta cada día con calles que reflejan orden y cuidado, recordando a todos que detrás de cada uniforme hay una historia de lucha y dignidad.